

Mil gracias a mi amiga y modelo Yurayma Veloza





Caminando por el Boulevard de Chichiriviche, pasé frente a un puestito, muy pequeño, quizás el más pequeño de todos y vi unas pulseras de Macramé* que me llamaron la atención, pregunté por ellas y seguí caminando, a los 10 minutos estaba de nuevo frente a este pequeño puesto conversando con Catalina, Chilena de nacimiento y residenciada en Argentina desde hace bastantes años, y por supuesto, tomándole fotos. Catalina resultó ser una chica además de interesante y simpática, sumamente valiente y aguerrida, ya que en los períodos en los que no está estudiando su carrera de Historia, viaja por Latinoamérica conociendo países y gente y manteniéndose básicamente con sus creaciones, las cuales son únicas ya que “no repite ninguna”. De esa forma ha recorrido buena parte de América Latina incluyendo Centro América, donde aprendió el “Arte” del Macramé, específicamente en Costa Rica. Cuando me detuve en su puesto, estaba buscando 5 pulseras para regalárselas a mis 5 compañeras del Postgrado, pero sólo tenía 4 que me llamaban la atención, por lo que le pregunté si era posible que hiciera una en ese momento y me dijo que sí. Tras escoger los colores (Me faltaba una verde) y después de haberme mentido descaradamente diciéndome que en 45 minutos la terminaría, comenzó su faena que nos regalaría 2 horas de conversación amena y sobretodo de conocimiento para mi, del trabajo que es hacer una pequeña pulsera a base de nudos, y más difícil aún, hacerla hablando conmigo y sin descuidar a los clientes que pasaban frente a su mesita. Quizás lo importante de esta experiencia, aparte de haber conocido a Catalina, es “sugerirles” que NUNCA le pidan descuento a un artesano! Es más, páguenle más de lo que les pide, porque de verdad un trabajo como ese no tiene precio!!! (Esto vale también para el trabajo de Julio (Yulio).


Alguien se acuerda cuándo fue la última vez que se tomó un momento para contemplar las estrellas? Ya en las grandes ciudades es prácticamente imposible ver un cielo estrellado y muchas veces si por casualidad lo está, ni cuenta nos damos... Si viéramos un poco más hacia arriba, en vez de mirar tanto hacia abajo, recordaríamos lo pequeños que somos en este mundo y lo grande que es esa fuerza superior que está en algún sitio (o en todos) llámese Dios, Alá, Yavé, Ganesha o como lo quieran llamar, y sobretodo recordaríamos lo importante que es vernos entre nosotros directamente a los ojos y no ver a los demás sobre los hombros, como si fuéramos superiores. Como dijo el Matemático y Filósofo Francés Blas Pascal, “La grandeza de un hombre está en reconocer su propia pequeñez”. En la primera foto podemos ver al Cinturón de Orión, en las 2 siguientes se observa el Papagayo u Osa Mayor.
Es impresionante como estos animalitos son capaces de recuperar las partes perdidas de su cuerpo sin ningún problema, sería increíble que pudiéramos hacer lo mismo, perder un dedo y que vuelva a nacer, o un pie, una mano, etc, sin embargo muchas veces perdemos cosas recuperables y no somos capaces ni de darnos cuenta que las hemos perdido y mucho menos de recuperarlas, cosas como la moral, la responsabilidad, el respeto, la ética, la cordura (aunque esta es bueno perderla de vez en cuando), la humildad, el amor, la caridad, entro otras... Día tras día los científicos experimentan con este tipo de animales para tratar de copiar su capacidad de regenerarse y hacer así de este mundo, un mundo mejor, pero si nosotros que no somos científicos, lucháramos con el mismo empeño que ellos en recuperar estas virtudes, indudablemente el mundo sería mucho mejor, para nosotros e incluso para aquellas personas que han perdido parte de sus cuerpos... Recordemos día a día las virtudes que hemos descuidado en el transcurso de nuestras vidas y tratemos de recuperarlas poco a poco y seamos felices como los Tuqueques!!!